Vity

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Qué edificio se cae en el próximo sismo, a quién le cae encima y cuánto cuesta evitarlo.
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Luisa Fernanda Rojas Garzón
Luisa Fernanda Rojas Garzón
Jefferson Nuñez Muñoz
Jefferson Nuñez Muñoz
Maria Alejandra Rojas Garzón
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Qué edificio se cae en el próximo sismo, a quién le cae encima y cuánto cuesta evitarlo.

El 10 de agosto de 2026 un sismo de Mw 7.4 con epicentro en San José del Palmar (Chocó) dejó en Cali un balance de 24 edificios colapsados, 127 con colapso parcial y 192 con daño estructural. Un mes después, ninguna ciudad colombiana puede responder la pregunta que sigue: ¿cuál de mis edificios es el próximo, y con qué plata lo evito?

Los mapas de amenaza sísmica que existen dicen cuánto va a temblar. Vity dice qué se cae. Es la diferencia entre un dato geofísico y una decisión de presupuesto.

Qué hace

Se pone un epicentro en el mapa, se mueve la magnitud y la profundidad, y la ciudad responde edificio por edificio: probabilidad de colapso, rango de ocupantes expuestos, y el contrafactual — qué habría pasado si ese mismo parque construido se hubiera diseñado bajo NSR-10, o bajo la norma chilena NCh433, que entró en vigor doce años antes que la primera colombiana.

Tres cosas que se pueden hacer y que normalmente no se pueden:

  1. Arrastrar el epicentro del 10 de agosto hacia Bogotá. Misma magnitud, misma profundidad, 200 km al oriente, sobre la cuenca lacustre que amplifica 3,45× a periodo de 1,5 s.
  2. Bajar la profundidad de 110 km a 25 km. Cambia el régimen tectónico de intraslab a cortical, entra otra ecuación de predicción de movimiento, y el mapa se pone rojo.
  3. Abrir un edificio y auditarlo. Perfil de deriva por altura, espectro de respuesta con el periodo fundamental marcado, cortante basal, curva de Husid, curva de fragilidad, propiedades modales con masa participativa y la ficha de procedencia de cada número. Los dos gemelos —como está y como estaría con norma— se mecen lado a lado con un solo control de tiempo.

Con un presupuesto en pesos, un módulo de priorización devuelve qué edificios reforzar primero por reducción de riesgo esperada sobre costo.

La cadena física, eslabón por eslabón

Ningún paso es un multiplicador puesto a mano:

Slab2 (geometría de la losa subducida)  →  régimen tectónico del hipocentro
      →  GMPE del régimen (Montalva 2017 / Abrahamson 2016 / ASK14)  →  PGA en roca
      →  microzonificación de la ciudad  →  PGA de sitio, no lineal y dependiente del periodo
      →  curvas de fragilidad HAZUS/GEM-SARA  →  P(daño ≥ ds) por edificio
      →  shear building de N grados de libertad + Newmark-β  →  movimiento piso por piso
      →  priorización de refuerzo con presupuesto

Cada constante del motor cita una fuente bibliográfica identificada, y las que están citadas de memoria están marcadas como tales. Si un número no tiene de dónde salir, no se pinta.

Lo que nos parece que vale más

El resultado es una distribución, no un número. El motor sortea escenarios del mismo sismo repartiendo la dispersión de la ecuación de movimiento entre su componente inter-evento (compartida por toda la ciudad) y la intra-evento (independiente por edificio). La validación contra Cali no pregunta "¿acertó?", pregunta en qué percentil de esa distribución cae el balance observado.

No ajustamos la física para que cuadre el resultado. Existió una constante que multiplicaba la aceleración por 2,35 para reproducir el balance de Cali. La retiramos, y hay dos tests automáticos que impiden que vuelva: uno busca la constante y el otro comprueba que la aceleración de sitio es exactamente la ecuación por la amplificación, sin nada escondido en medio.

Sabemos cómo poner el test verde y no lo hicimos. Con la demanda de aquel sismo en Cali las curvas de fragilidad se leen a 3,7σ por debajo de su mediana, y ahí la sensibilidad es brutal: un error del 20 % en la mediana de la curva, en su dispersión, en la aceleración o en el número de edificios de la ciudad produce por igual el factor 2,5 que separa nuestra predicción del balance observado. Y un residual de −0,24σ de la propia ecuación —perfectamente ordinario— lo explica entero sin que nada esté mal. Mover la curva hasta que el número cuadre metería un error que puede ser de los datos de exposición dentro de curvas que después se aplican a Bogotá y a Santiago, donde no hay balance observado que lo delate.

El modelo declara sus propias grietas en pantalla. El número de edificaciones de una ciudad entra lineal en cada cifra del tablero, y las tres que usábamos no citaban fuente. Así que las contrastamos contra una segunda ancla, la población: una muestra escalada tiene que reproducir a la vez las edificaciones y la gente que vive en ellas. No cuadra —por factores de 4,4 a 8,2 según la ciudad— y eso se publica en la respuesta de la API y en el tablero. Para cerrarlo, un lector del catastro de Bogotá saca la cifra del dato oficial: 2.415.108 construcciones y 3.824.262 predios, 1,58 predios por edificación, que es la conversión que nadie tenía a mano. Un predio no es un edificio: una torre de veinte pisos son decenas de predios con la misma huella, y confundirlos multiplica el conteo de daño por esa razón.

Avisos a personas: la parte que no es una gráfica

Cualquiera puede suscribirse sin cuenta ni contraseña. Cuando hay un simulacro, el sistema no manda un mensaje a todo el mundo: estima la sacudida en las coordenadas de cada persona y solo escribe por encima de intensidad IV de Mercalli. Avisar a quien no va a sentir nada entrena a la gente a ignorar los avisos.

El mensaje comunica una regla, no un cálculo para el piso registrado — en el momento del sismo la persona puede estar en otra planta. Dice «no salgas; sal solo si estás en planta baja y ves la salida», y nunca "corran": moverse durante la sacudida es la principal causa de lesión, y eso está documentado, no supuesto. Todo mensaje empieza rotulado como SIMULACRO y el envío está apagado salvo que alguien configure credenciales a propósito. Las coordenadas se guardan redondeadas a unos 110 metros, a propósito, y el registro de personas no se versiona.

Las reglas que no negociamos

El evento de referencia tiene víctimas reales de hace pocas semanas. Eso cambia lo que es aceptable mostrar:

  1. La métrica visible es probabilidad de colapso, nunca número de muertos para un edificio identificable.
  2. No afirmamos la causa estructural de ningún colapso. Toda configuración sensible va rotulada "hipotética, no peritada".
  3. No se usan nombres de víctimas ni de rescatistas.
  4. La ocupación siempre como rango, nunca cifra puntual.
  5. Toda cifra en pantalla lleva banda de incertidumbre visible — y cuando la banda que sabemos calcular es más estrecha que la incertidumbre real, lo decimos en vez de disimularlo.

Qué no es

  • No es alerta temprana. Los catálogos del USGS y del Servicio Geológico Colombiano publican eventos ya ocurridos.
  • No es un peritaje. Ningún resultado sustituye una evaluación estructural en campo.
  • No está terminado. El catastro real de Bogotá ya está leído —de ahí salen el perfil normativo de la ciudad y el ancla del tamaño del parque—, pero ese archivo entrega predios, no edificaciones, y el tablero lo declara así en vez de convertir unos en otros con un factor inventado. Las otras dos ciudades siguen sobre exposición sintética, y donde no hemos cargado los polígonos oficiales de microzonificación la zona de suelo se asigna sintéticamente: también se dice en pantalla.
  • Nada de esto es física nueva. Las curvas de fragilidad son de FEMA y del Global Earthquake Model, las ecuaciones de movimiento son de OpenQuake, la geometría de la losa es Slab2 y la recomendación de qué hacer durante un sismo es el consenso internacional. Lo nuestro es la composición: la cadena completa por edificio, el contrafactual normativo, un edificio auditable pieza por pieza y avisos con umbral físico, en un tablero que un extraño puede interrogar sin registrarse.

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