

Helius nace de una pregunta muy simple: ¿qué pasa con nosotros cuando ocurre un terremoto y todo lo que normalmente nos conecta deja de funcionar?
Entre 1998 y 2017, los terremotos causaron cerca de 750.000 muertes y afectaron a más de 125 millones de personas en el mundo. Y cuando ocurre un desastre, justamente una de las infraestructuras que puede resultar dañada es la de telecomunicaciones, dificultando la coordinación y el rescate.
Pero hay algo que casi siempre llevamos con nosotros: un celular. Cerca del 80% de la población mundial posee uno, convirtiéndolo en una de las infraestructuras tecnológicas más distribuidas que existen.
Helius transforma esos celulares en una red de emergencia.
Los dispositivos pueden comunicarse entre sí incluso sin Internet, compartir información útil de ubicación y ayudar a propagar datos críticos entre personas cercanas. Sus sensores —como acelerómetro y giroscopio— pueden aportar información para reconocer señales compatibles con un evento sísmico, mientras que la cámara y el flash permiten realizar una evaluación fisiológica rápida cuando cada segundo importa.
La idea no es reemplazar a los equipos de emergencia. Es darles una señal más para encontrar a alguien, entender qué está ocurriendo y llegar más rápido.
Porque después de un terremoto, detrás de cada señal puede haber una persona, una familia y alguien esperando ser encontrado.
Helius convierte celulares aislados en una red de ayuda distribuida.
Si un teléfono sigue encendido, todavía podemos intentar encontrarnos.